



Ahí estaba yo. A punto de haberme dado el permiso para poder ver a mi esposa al otro lado del estrecho, pero una racha de mala suerte me tiene aquí. Encerrado en una habitación con las paredes más mohosas que he visto en mi vida. No tenía sentido seguir con los mercenarios. Llevaba tiempo pensando en dejarlo. Coger un permiso, disfrutar de las vacaciones y al volver se lo expondría al sargento. Pero ahora tengo que acabar esta misión.
Me está llevando más trabajo de lo que pensaba. Sé que tiene que pasar por esta calle de un momento a otro. Ya tengo mi arma preparada. La mira telescópica está limpia y calibrada milimétricamente para la distancia a la que estoy. Cuando ponga el segundo pie sobre la acera le disparo.
Un ruido hace que el mercenario se de la vuelta. Estas casas antiguas y deshabitadas hacen muchos ruidos, pero también puede ser un vagabundo en busca de un techo para dormir. No sabe ya si es la paranoia o el estrés pero ahí no había nadie. Iba a levantarse pero pensó que en cualquier momento iba a aparecer el objetivo. Se reincorporó y miró por la ventana. La calle estaba desierta. Húmeda, aunque era normal es la zona tropical en la que estaba. Tenía la camiseta sudada y maloliente. Cuánto echaba de menos su país…
Después de pensar en lo que primero que iba a hacer en cuanto viera a su esposa vio un movimiento en la puerta en donde vivía el objetivo. Allí estaba. Salía tranquilamente de su casa, de la seguridad del hogar, y se encaminaba sin saberlo a una muerte segura. ‘Eso espero’, pensó, ‘que sea segura’. No tenía ganas de tener que rematar la faena o tener que dar explicaciones al sargento. Seguro que entonces no le concedía el permiso. Empezó a caminar… cruzaba la calle… no había coches por lo que su tranquilidad era absoluta. Sin apartar la mirada del objetivo cogió su rifle. No le hizo falta cargarlo. Lo tenía todo preparado. Solo era coger el arma, apuntar y luego disparar. Ya podía verlo a través de la mira telescópica. Siguió sus movimientos hasta que decidió cual era el momento. ¡AHORA! Y apretó el gatillo.
Todos los movimientos, pensamientos y observaciones estaban vigilados a través de una especie de espejo. Era lo más normal si querías ver lo que sucedía en la Probeta que es como les gustaba llamarlo a aquella gente. Aunque la persona que estaba mirándolo no estaba especialmente contento. Estaba allí sentado, en una silla más bien cutre, con los brazos cruzados entre sus rodilla. No apartaba la mirada del espejo. Desprendía un aura azulada. Una especia de llamas salía de su cuerpo dando a entender que su humor no era especialmente bueno. Meditando siguió mirando lo que ocurría. Veía como la bala salía del cañón. Daba vueltas respecto a un eje translogitudinal. Detrás dejaba una pequeña nube y la bala salía en línea recta. Despacio… muy despacio… Todo ocurría muy lento. Él lo quería así.
- ¡Pedro! – Entró una persona en la habitación y le nombró. Sacó a Pedro de su concentración. Se giró y vio que solo era un mensajero. Sin mediar palabra, el mensajero continuó después de tragar saliva. Nunca había visto a Pedro tan enfadado. Tenia el aura azul y las venas de los ojos hinchados – Jesús reclama tu presencia. – Tras una pausa continuó. – No deberías de interferir en la Probeta. Si se sigue contaminando la muestra luego no saldrán buenos guerreros.
Pedro rio en voz alta. Ese comentario le hizo mucha gracia. Aunque sabía que era cierto. La contaminación era lo que estaba acabando con Gaia (planeta que envuelve a la Probeta). Primero Dios intentó separar a los justos de los injustos. Quiso bendecir a aquellos que lo adorasen, pero todo salía mal. Ponía a un guerrero de los suyos y los estúpidos probetanos lo mataban. Si otro guerrero de Dios le sustituía también iban a por él. Pero desgraciadamente hay gente que idolatraba a estos ‘profetas’ como los probetanos llamaban. Así la gente se separaba en religiones y tenían una excusa para matarse entre ellos. Pedro pensaba que había llegado el momento de que haya otra limpieza en la probeta. “Esta vez iré personalmente”. Ya había estado antes, pero como discípulo de Jesús. Ahora será únicamente él quien vaya aprovechando que Dios está en sus estúpidas guerras intestinas y alejando a los rebeldes de nuestro territorio. Se puso en pie y su aura desapareció. Sin decir nada al mensajero pasó a su lado y desapareció tras la puerta. Éste quedó mirando el espejo. Veía como una bala de gran calibre estaba atravesando la piel de aquel probetano. Seguramente inocente. Las vueltas que daba sobre sí misma le estaba perforando el cráneo. La cara de la persona no se había inmutado todavía. Eso daba la referencia de la velocidad que llevaba la bala. De repente y muy despacio la cara del probetano cambió. El mensajero no pudo evitar ponerse pálido y volver la cara a otro lado. Tragó saliva y salió de la instancia. Aquellas imágenes le sobrecogía, pues esa alma nunca podrá estar en el mundo real. Vagará por el éter o se reencarnará. Pudo haber sido un guerrero, pero se ha quedado en nada. El propio experimento está saboteando el mundo real.




Llevo tiempo escribiendo una novela en mis ratillos libres. escribo poco a poco y es dificil no olvidar el argumento despues de estar semanas sin escribir. Aun asi creo que es algo apasionante: coger algo etéreo e impalpable que es un pensamiento, y con unos gestos inmortalizarlo en papel. Y que este escrito transmita emociones o alguna sensación en quién lo lee.
Yo leo todos los dias aunque sea unas líneas. me ayuda a dormir.
Lo voy a exponer aqui con el fin de que se critique a más no poder. Algunos los ha leido y les ha gustado mucho. Sé que no puede ser, asi que lo expongo en el blog algunas lineas a ver qué me criticais. Esto es un boceto repasado, pero seguramente tendrá el fallo de los tiempos verbales. eso lo corregiré cuando se finalice la novela (si algún dia la acabo) y lo repase de nuevo entera.


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